De la autora del gran bestseller del New York Times, Una trenza de hierba sagrada, una visión audaz e inspiradora sobre cómo orientar nuestras vidas en torno a la gratitud, la reciprocidad y la comunidad, basándose en las lecciones del mundo natural.
Mientras Robin Wall Kimmerer cosecha guillomos junto a los pájaros, reflexiona sobre la ética de la reciprocidad que yace en el corazón de la economía del regalo. ¿Cómo podemos aprender de la sabiduría indígena y del mundo vegetal para reimaginar lo que más valoramos? Nuestra economía se basa en la escasez, la competencia y el acaparamiento de recursos, y hemos entregado nuestros valores a un sistema que daña activamente lo que amamos. Mientras tanto, la relación del guillomo con el mundo natural es una encarnación de la reciprocidad, la interconexión y la gratitud. El árbol distribuye su riqueza —su abundancia de moras dulces y jugosas— para satisfacer las necesidades de su comunidad natural. Y esta distribución garantiza su propia supervivencia. Como explica Kimmerer, «El guillomo nos muestra otro modelo, basado en la reciprocidad, en el que la riqueza procede de la calidad de tus relaciones, no de la ilusión de la autosuficiencia».
Pasta Blanda
De la autora del gran bestseller del New York Times, Una trenza de hierba sagrada, una visión audaz e inspiradora sobre cómo orientar nuestras vidas en torno a la gratitud, la reciprocidad y la comunidad, basándose en las lecciones del mundo natural.
Mientras Robin Wall Kimmerer cosecha guillomos junto a los pájaros, reflexiona sobre la ética de la reciprocidad que yace en el corazón de la economía del regalo. ¿Cómo podemos aprender de la sabiduría indígena y del mundo vegetal para reimaginar lo que más valoramos? Nuestra economía se basa en la escasez, la competencia y el acaparamiento de recursos, y hemos entregado nuestros valores a un sistema que daña activamente lo que amamos. Mientras tanto, la relación del guillomo con el mundo natural es una encarnación de la reciprocidad, la interconexión y la gratitud. El árbol distribuye su riqueza —su abundancia de moras dulces y jugosas— para satisfacer las necesidades de su comunidad natural. Y esta distribución garantiza su propia supervivencia. Como explica Kimmerer, «El guillomo nos muestra otro modelo, basado en la reciprocidad, en el que la riqueza procede de la calidad de tus relaciones, no de la ilusión de la autosuficiencia».
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